Y ahora: ¡la crisis del agua!

De un verano de sequía extrema, y expuestos al fuego, ahora por lo visto le toca el turno al agua. De una crisis a la otra.

La noticia de los últimos días sin duda fue la  catástrofe santiaguina y zona central a causa de un día de lluvia. La verdad es que es bastante normal que cuando llueve quede el descalabro por ahí. Cada vez más normal. Igual a lo lejano de lo natural que se ha vuelto ese mundo citadino artificializado. Ausencia de bosque, alteración de laderas y cuencas, reemplazado por urbanizaciones, pavimento desértico, caminos, peladeros, erosión, mineras. Ausencia de cultura ambiental y sentido común. Maltratar la natura y en este caso la cuenca hidrográfica donde se habita, evidentemente tiene sus consecuencias. Y ahora se suman los efectos del cambio climático, al que ya le echan la culpa de todo. Como si ese cambio fuera natural, como si no se pudiera prevenir ni contrarrestar.

Y también hay quienes indican acusadores hacia la decidía de empresas y las respectivas instituciones fiscalizadoras. Empresas transnacionales surgidas en el saqueo de aquellas del Estado y la concesión de bienes públicos. El argumento en aquel entonces era que la empresa privada era más eficiente. ¿Es eficiencia dejar a cuatro millones de personas sin agua, un derecho humano? ¿Es eficiencia inundar partes de una ciudad que nunca habían estado expuestas a eso?

En uno de esos casos la autoridad rápidamente culpó a la empresa española respectiva, que ya tenía un notable prontuario de negligencias anteriores, por lo que uno se pregunta: ¿Cómo es que le siguen dando trabajos de tanta importancia y riesgo y porque nadie se ocupo en que las obras estuviesen terminadas antes de las crecientes del caudal? En el otro caso, el de dejar casi toda la capital del país sin agua, extrañamente la empresa respectiva hasta ahora sale bastante incólume. Aquí es “la turbiedad del agua”, “la cruel naturaleza”, los que tienen la culpa. Alguien recordaba que algo parecido ya había ocurrido antes y esa empresa se comprometió en invertir para evitar que volviera a repetirse, pero no fue así. Hace algunas décadas, antes de la privatización, que recordemos al menos, no pasaban estas cosas; ahí la empresa estatal tomaba el agua en lugares sin turbiedad y de pozos profundos. Tal como lo hace la empresa municipal de aguas de Maipú, que no ha tenido problema y esta abasteciendo a buena parte del resto de la ciudad. Y los “mal pensados” aseveran que la autoridad nada dice contra esa empresa española de agua, porque colabora en financiar a “la política”. De hecho, en solo tres años sus contribuciones, según la prensa, ascienden a sobre 341 millones y a ambos bandos mayoritarios. O sea, cuando el río suena…A su vez, muchos se preguntan ¿Por qué de repente tanta turbiedad? ¿Por qué tanto sedimento en las aguas? Hay quienes la explican con que estuvo lloviendo en cotas mas altas de lo habitual ¿Hay tanto sedimento fino suelto a esas alturas? ¿Es que en el deshielo primaveral ese sedimento no es arrastrado igual que con una lluvia? A lo mejor el verano tan seco es responsable de mayor cantidad de polvo suelto que lo habitual. Otros culpan a las obras de Alto Maipo; mucho material fino de excavaciones y túneles, suelto expuesto al arrastre del agua. De hecho, nuestros colegas de No Alto Maipo ya habían advertido que esas obras iban a dejar a Santiago sin agua. De una u otra forma, no paso mucho tiempo en que su oráculo se hiciese realidad. Y además, advirtieron que el agua traía sedimentos contaminantes, y la autoridad hizo oídos sordos. Bueno, Alto Maipo también es de grupos muy poderosos con sus influencias políticas: AES Gener y Luksic.

Cuatro millones de pagadores de servicios de agua potable que no lo reciben, es harto. Claro que no son los únicos que no tienen agua en Chile. Durante el verano hay muchas comunidades del Norte Chico, Centro y Sur que se quedan sin agua a causa de la desertificación, la sequía, la ausencia de bosque (y pinos que se “chupan las napas”), hay comunidades del altiplano a las que las mineras y ciudades del norte han robado su agua ancestral, y hay otros sectores mas donde también se roba el agua, hay sectores donde no se puede tomar agua por estar contaminada. Y hay al menos dos de las principales cuencas hidrográficas del país, aquellas del Baker y Pascua, donde no hay acceso jurídico al agua a causa del monopolio de las empresas eléctricas, por más agua que fluya ahí sin poder ser consumida dentro de la ley. A tanto, que hasta se han denegado solicitudes de derechos para el agua potable de Cochrane.

Tal vez en estos días de crisis del agua en la capital, aparte de sacar aprendizajes y evitar tropezar con los mismos errores, sea el momento de recordar que existe algo que se denomina la gestión y manejo de cuencas y que seria muy útil para prevenir y revertir lo que esta ocurriendo en gran parte del territorio nacional. Y vale recordar que hace algunos años, en el gobierno Bachelet anterior, hubo un interesante esfuerzo en ese sentido, con las Estrategias de Cuencas Hidrográficas, cuando en la Región de Aisén tuvimos un “Plan Piloto de Manejo de Cuenca del Baker” que fue una muy buena iniciativa y el trabajo en eso una linda y útil experiencia. Por desgracia, en el gobierno del presidente Piñera este trabajo fue paralizado y  el actual gobierno nada ha hecho por resucitarlo. Por lo demás, en el Protocolo Hídrico del Tratado Ambiental Binacional con Argentina figura el compromiso de ambos países de hacer esos planes de manejo en las cuencas binacionales, que en la Patagonia serían, las del Puelo, Futaleufú, Palena, Aisén, Baker y Pascua.

También vale hacer presente que en la actualidad se tramita en el Congreso la modificación al Código de Aguas, la ley de “protección” de glaciares y la ley que regula los servicios sanitarios rurales. Por mas importantes que sea esta legislación su tramitación no ha sido muy publica, ni participativa, como seria bueno que fuese con temas de esa relevancia. Se suma además, la ley de líneas de transmisión eléctrica que al dar facultad a declarar “polos de desarrollo eléctrico” puede traer como consecuencia el “sacrificio” de aguas y cuencas  para las grandes hidroeléctricas.

Publicada en El Divisadero

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